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Nº 1

marzo 2017

   De este monstruo pueden predicarse dos cosas, acaso contradictorias. Es locuaz. No tiene cabeza. Nuestra locuacidad es consecuencia de nuestra desgarradura, que afirmamos. Quisiéramos que se disolviera en un murmullo o en un grito. Que ninguna voz se erigiera en boca, en autoridad. Que escribir fuera el modo de poder por fin callarnos.

   Contra la forma, antes que nada contra nuestro propio tomar forma. Contra lo amorfo, porque somos en la medida en que nos inventamos, justamente porque no somos. Deformes, pero no informes. Desprovistos de formalidad, pero no de anamorfosis.

   ¿De dónde habrán salido tantos monstruos? Nos conformamos aquí con darles temerosamente la mano:

   Setentoso, Rafael Arce se decide por el ejercicio críptico en torno a una laberíntica y subterránea novela de nuestra “Zona” o, mejor, del universo (que no es de nadie). Leo Arsenio interroga, o proyecta, sus íntimas inquietudes, literarias o no, en las ansias, sexuales o no, de James Joyce. Sesentoso, Leonel Cherri se decide por un objetivismo mexicano o latinoamericano, la prosa barroca y austera en el que la escritura se vuelve ideograma, es decir, imagen-pensamiento, ni visible ni legible. Juan Pablo Descalzo opta por el gesto borgiano y escribe una falsa reseña no sobre un libro, sino sobre su recuerdo, sobre lo que el olvido deja como ausencia densa e informulable. Decimonónico, Bruno Grossi lee las cartas entre Adorno y Benjamin como una novela realista, en la que la intriga se impone al filosofar. Emiliano Rodríguez Montiel quiere aprehender la levedad de la femeneidad rohmeriana o, quizás, restituirle su inaprehensible. Contemporáneo, Francisco Vanrell escruta el cine de Schonfeld y el paisaje entrerriano vuelto repentinamente desconocido.

Además:

 

   Un diálogo entre Richard y la China sobre la última novela de Bow Chow pretende compensar nuestra inactualidad.

   Los paracaidistas que caen en tierra de monstruos, a quienes hay que agradecer por su bizarría: Alberto Giordano, que escribe sobre lo que lo inquieta como lector, aquella vida que se vuelve intensa, o simplemente viva, en la escritura y no en la biología; Juan José Guerra, que interroga el acontecimiento cinematográfico del cine nacional del año (pasado), con sutileza adorniana y oído para lo que se ve. Luciana Martinez, que propone una inteligente y jugada lectura de la ciencia-ficción televisiva latinoamericana en relación con lo histórico-político.

   Nuestros narradores, por su parte, interrumpen el ensayo. Dos cuentos, uno de Leo Arsenio, en el que la infancia, o su recuerdo, se abre como experiencia –es decir, incomprensión– de la sexualidad y de la muerte; otro de Juan Pablo Descalzo, genial parodia del primer cuento de un gran escritor, homenaje nostálgico a un espacio-tiempo que es impresión, algo sensitivo, una atmósfera, un movimiento.

   Finalmente, en nuestras exhumaciones, volvemos a traer un borgiano texto de Charlie Feiling, porque el eco de una voz resuena, a veces, más que la voz misma.

Revista Präuse - Paraná/Santa Fe 2018

Domicilio: Paraguay 136 Paraná, Entre Ríos.

Mail: revistaprause@gmail.com