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Nº 3

   Ha llegado una vez más, luego del progresivo y prudente silencio de un par de meses, el tiempo de volver a sentir los clamores que este proyecto dedálico nos trae.

   Como no podía ser menos, este número trae una salvedad que quizás sea mejor pasarse por alto: se hablaba de un monstruo de siete cabezas, sin embargo preferimos ahora hablar de lo monstruoso.

   La logia recae aquí una vez más en las atrocidades que le son ya material diario, no con el afán de superar a los precursores, sino quizás de olvidar toda lógica cronológica (valga la redundancia) y establecerse no como los peldaños de una escalera o las vías de un tren ideológico sino más bien como la baranda o los durmientes, como todo punto transversal, como un punto de apoyo, como la innecesariedad histórica devenida objeto material.

   ¿Se pusieron a pensar alguna vez en esos agarres que existen en las duchas para que la gente no se golpee? ¿Imaginaron alguna vez una ducha desnuda de ellos? Bueno, más o menos así.

   Como no puede ser de otra forma y, aunque quizás haya pasado desapercibido, el proyecto (que siempre es proyecto de algo que se escabulle) no es propio de Ícaro sino más bien de Dédalo. No pensamos en el Ícaro rabioso de hybris que quiere llegar más lejos que cualquier hombre, tampoco en el Dédalo que sólo cumple en el relato un rol de coerción, sino más bien en aquel que conoce lo que es suyo y extrae la grandeza de lo propio y de lo ajeno cuando el otro se distrae.

   No casualmente el remedo de esta joven congregación con quien ha sido, es y será su padre y figura redentora, el archiduque Stanislav Wolfgang von Präuse, quien ya desde su nombre parece haber sido ungido con la grandeza de los seres anónimos y eternos. Su doble acepción de “ser glorioso” y “bandada de lobos” describe no sólo al filántropo egoísta vienés sino también a su horda de seguidores.

   En esta ocasión traemos un breve modo de ver que refleja también la idea que esta revista quiere portar como estandarte:

 

“Para celebrar el arte, debe uno, como método ineludible, ser uno con el arte. Se deberá por ello, fundirse con las obras maestras. Esto se consigue de una manera harto curiosa. Deberá defecarse sobre los lienzos de Füssli, sonarse la nariz con las páginas de Pólotski, masturbarse y desparramar el semen sobre las páginas de Daudet, orinarse sobre las páginas de Stendhal, hacerse cortes con hojas de afeitar y salpicar de sangre las páginas de Buchner, sometiendo, en fin, al arte a un proceso de degradación que no será otra cosa que la humanización.”

 

(Textos parciales recogidos de von Präuse pertenecientes a su Fernen stern).

 

   Es, siempre lo ha sido, la impronta que navega también en este número de la revista –que a manera de homenaje también se asume como turba– y nos cuenta, entre otras cosas, un poco de todo eso que el texto del vienés pone en el lugar de comunión con el arte.

   Para este amplio y esperado número, tenemos seis textos de quienes firman la revista y administran con igual tesón la pluma (o el teclado) y la guillotina.

 

   En Las musas de Bergman, Rafael Arce intenta, en un muestreo de mujeres del séptimo arte, traducir sus inclinaciones afectivas por las criaturas femeninas del universo bergmaniano a conceptos y, por supuesto, como no puede ser de otro modo, tratándose de Bergman y de mujeres, fracasa. En Horace and Pete, el tiempo todo entero, Emiliano Rodríguez Montiel se adentra, como un arqueólogo excavador, en el reloj sin cuerda de Horace and Pete. En sintonía con las discusiones actuales en torno al tiempo y lo contemporáneo, R. Montiel alumbra los engranajes temporales de la serie de Louis C. K. arriesgando una lectura en clave anacrónica.

   Un bloque armado desde el título por la melancolía unifica los textos de Juan Pablo Descalzo y Bruno Grossi, el primero en Melancolía uruguaya, aún sin definir bien de qué modo, quiere resaltar, recordar o quizás solo recomendar un cuento de Onetti. Parecido, pero con un trabajo mucho más concreto y arduo, es lo que realiza Bruno Grossi, que con su texto Los años de la melancolía nos hace un breve pero profundísimo repaso, digno de un personaje borgeano, en el que intenta analizar un período complicado de nuestro país: la crisis post 2001 y el impacto que ocasionó en el arte en general (nos habla de literatura, cine, música y arte), sin salirse de su eje y consciente de dos grandes verdades. La primera de ellas, que vivió también como nosotros esos años y estos impactaron en nosotros; la segunda, quizás transversal a todo tópico, Mauricio Macri la puta que te parió.

   Desde las tierras de Donald Trump, nuestro corresponsal extranjero Leo Arsenio, en Género y videojuegos, se entromete de manera blanchotiana en las narrativas de los videojuegos y señala, en base a un recorrido histórico de varios casos, cómo una lectura de género no sólo es completamente posible sino absolutamente necesaria. Casi en sintonía, Francisco Vanrell en su texto La coca, la carne y el fuego encuentra en las películas de Isabel Sarli una pitonisa que augura los debates contemporáneos sobre el deseo y el cuerpo de la mujer, logrando una relectura contemporánea de una película y una figura sobre la que no se encuentran estas apreciaciones.

   Como lo monstruoso se construye también en colaboración, en nuestra sección de discusiones y apedreos devenida diálogo traemos a Arce, Miccio y Grossi que, en Lucrecia Martel y Lucas Biglia, nos hablan de la película argentina del año: Zama que, así como lo decía Di Benedetto, se dedica a quienes esperan. Se hizo esperar la adaptación fílmica así como se hizo esperar el número tres de esta gran revista. Para todas aquellas víctimas, un texto que comienza siendo un intento de aprehensión del film y que termina como un cruce apasionante –lleno de momentos divagantes y delirantes– sobre estética.

   Las colaboraciones son también varias y, como no podía ser menos, en el mes que se suele celebrar a la mujer (debate elidido), tenemos dos grandes mujeres que nos ayudan con dos grandes textos. Por un lado, la ya colaboradora de la casa, Silvana Santucci, nos regala su texto El lamento de la ninfa ha sido oído (¡por fin!) donde, anonadada y extasiada (las palabras no son de ella) frente a Les ponts des arts de Eugene Green, encuentra allí, como en un Aleph milagroso, todos los valores y signos inmortales de su tan querido y trabajado barroco. Otra mujer que se prende el paracaídas y aterriza en este campo minado es Sofia Dolzani, quien nos trae con ella Aquarius: el hogar como espacio de archivo, un texto sobre la reciente película brasilera. ¿Cuánto vale un recuerdo? ¿Quién tasa ese valor? ¿Qué ocurre cuando el mercado pone en venta los archivos de una vida? ¿Cómo ponerle precio a lo invariable? Mercancía y memoria, instantaneidad y cultura memorialista: Dolzani lee Aquarius, de Kleber Mendonça Filho, evidenciando las marcas de una tensión que regula, en las prácticas de la cultura, la coyuntura actual.

   Tres invitados cierran nuestra sección de paracaidistas, cada vez más solicitada y leída:

   Por un lado, Carlos Surghi, con Campo de apariciones, se embarca en la traducción quimérica de Wallace Stevens, pero en el momento mismo en el que parece extraviarse encuentra algo más, inesperado: un diario de su experiencia que realiza, a su manera, desplazado, el objeto de su tarea. Walter Romero, paracaidista borgeano, nos trae una breve reseña con su texto El ying y el yang de la muerte, haciéndose forma y enunciado la quietud blanca del cuerpo enfermo. Desde la dualidad opositiva pero complementaria del ying y el yang, Romero le da voz al umbral, siempre inexpresable, que separa la vida de la muerte. Lo íntimo y lo colectivo se amalgaman para darle impulso, sobre el poema, al aliento último del enfermo. Por último, y no menos importante, Hugo Echague nos regala (o no) su texto El psicópata y el héroe en la cinta de Moebius, un repaso breve pero intenso sobre el rol de ciertos villanos del género audiovisual para intentar responder por qué es tan frecuente la separación entre lo villanesco y lo no, y por qué motivos solemos inclinarnos por lo primero.

   En la sección ficcional nos encontramos y les dejamos para ustedes cuatro textos. Dos pertenecen a hombres de la casa, y el resto a gente querida para quienes firman la revista.


   Leo Arsenio nos trae Niños suaves, un texto que, más que escatológico, es digno del mismísimo von Präuse. Bruno Grossi nos acerca La destrucción que más que destruir parece afirmar un breve texto semi alégorico, semi ficcional, semi grito de ahogo. Philipp Edling, en La caída, a mitad de camino entre el recuerdo y la invención, presenta este cuento que es casi una bitácora hallada en un viejo cajón de un viejo mueble de un viejo garage de un viejo lugar de reunión de algo que ya no es. Juan José Guerra, desleal a su belicoso apellido, nos trae en Los patos una historia sobre un observador que parece ver algo que nosotros no podemos ver, en el accionar cotidiano de estas aves que a priori siempre parecen tan calmas y mundanas.

   Finalmente, en la sección Exhumaciones, con El hueco, recordamos un relato sombrío y alucinante, visionario e insólitamente adelantado a su época, de Carlos Catania, en el que la intemperie del mundo se materializa en una zona a la vez extraña y familiar: la nuestra, es decir, la de nadie.

 

 

 

 

Revista Präuse - Paraná/Santa Fe 2018

Domicilio: Paraguay 136 Paraná, Entre Ríos.

Mail: revistaprause@gmail.com